BOGOTA.- Las economías de América Latina y el Caribe mantendrán un crecimiento moderado durante 2026, con una expansión estimada del 2,1 %, de acuerdo con el más reciente informe de perspectivas macroeconómicas publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La cifra representa apenas una décima menos que el crecimiento registrado en 2025, lo que refleja cierta estabilidad económica en la región pese a un contexto global incierto.
El informe destaca que, aunque la región ha demostrado resiliencia ante choques externos y tensiones internacionales, el ritmo de crecimiento sigue siendo considerado insuficiente para cerrar las brechas de desarrollo frente a las economías más avanzadas. Economistas del organismo advierten que el desempeño actual, aunque estable, sigue siendo moderado para las necesidades económicas y sociales de la región.
Según el BID, la economía latinoamericana logró sostener su crecimiento en los últimos años gracias a mejoras en la gestión fiscal y financiera en varios países. Estas políticas han permitido que las economías de la región resistan mejor los cambios en el entorno global, incluyendo fluctuaciones en los mercados internacionales y el endurecimiento de las condiciones financieras.
Sin embargo, el informe subraya que el principal obstáculo para un crecimiento más acelerado continúa siendo la baja productividad. Este factor limita la capacidad de los países para generar mayores ingresos, atraer inversiones y mejorar los niveles de bienestar de la población en el largo plazo.
Otro desafío señalado por el organismo es el reducido espacio fiscal de muchos gobiernos latinoamericanos. Con niveles de deuda cercanos al 60 % del producto interno bruto en promedio, varios países enfrentan dificultades para financiar programas de desarrollo o responder a crisis económicas sin comprometer su estabilidad financiera.
A pesar de estos desafíos estructurales, el BID identifica nuevas oportunidades para dinamizar el crecimiento regional. Entre ellas destacan el desarrollo de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y la digitalización de la economía, que podrían aumentar la competitividad de las empresas y modernizar los sistemas productivos.
Asimismo, la región posee importantes reservas de minerales críticos, como litio y cobre, que son fundamentales para la transición energética global. El organismo considera que estos recursos pueden convertirse en un motor de crecimiento si se gestionan con políticas públicas sólidas y marcos institucionales que atraigan inversión sostenible.
El BID también señala la necesidad de fortalecer la inclusión laboral, en particular promoviendo una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo y mejorando la educación desde la primera infancia. Estas medidas, según los expertos, son clave para elevar la productividad y fomentar un desarrollo más equitativo en la región.
En paralelo, los analistas advierten que el panorama internacional seguirá influyendo en el desempeño económico de América Latina. Factores como las tasas de interés globales, la evolución del comercio internacional y las tensiones geopolíticas podrían impactar la inversión y el crecimiento en los próximos años.
En este contexto, el BID concluye que América Latina y el Caribe han demostrado capacidad de adaptación frente a la incertidumbre global, pero insiste en que la región necesita reformas estructurales para lograr un crecimiento más fuerte y sostenible en el futuro.
