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María Antonieta de las Nieves ya no le guarda rencor a Florinda Meza

María Antonieta de las Nieves mejor conocida como ‘La Chilindrina’, asegura que después de la muerte de su esposo su vida dio un radical cambio, y ahora está libre de rencores hacia Florinda Meza.

La actriz que lograra la fama con ese divertido personaje del programa ‘El Chavo del 8’, comentó al programa ‘Sale el Sol’: “Ya soy una mujer nueva con lo que me pasó con mi marido. Ya sé que nada es eterno y entonces tenemos que superar las cosas malas que hemos tenido, los rencores, eso se tiene que quedar en el pasado”.

María Antonieta, así como otros integrantes del elenco del famoso programa de Chespirito, se quejaron de las actitudes de Florinda Meza desde que se convirtió en pareja de Gómez Bolaños, y aseguraban que eran objeto de malos tratos, gritos y agresiones por parte de la actriz.

María Antonieta dijo a TV Notas en una entrevista: “Ella (Florinda) llegó a lastimar a muchas personas del equipo, desde directores, camarógrafos, etc. Era muy prepotente y Roberto no hacía nada, estaba cegado y entendía solo lo que ella decía”.

María Antonieta de las Nieves ya no le guarda rencor a Florinda Meza

María Antonieta de las Nieves mejor conocida como ‘La Chilindrina’, asegura que después de la muerte de su esposo su vida dio un radical cambio, y ahora está libre de rencores hacia Florinda Meza.

La actriz que lograra la fama con ese divertido personaje del programa ‘El Chavo del 8’, comentó al programa ‘Sale el Sol’: “Ya soy una mujer nueva con lo que me pasó con mi marido. Ya sé que nada es eterno y entonces tenemos que superar las cosas malas que hemos tenido, los rencores, eso se tiene que quedar en el pasado”.

María Antonieta, así como otros integrantes del elenco del famoso programa de Chespirito, se quejaron de las actitudes de Florinda Meza desde que se convirtió en pareja de Gómez Bolaños, y aseguraban que eran objeto de malos tratos, gritos y agresiones por parte de la actriz.

María Antonieta dijo a TV Notas en una entrevista: “Ella (Florinda) llegó a lastimar a muchas personas del equipo, desde directores, camarógrafos, etc. Era muy prepotente y Roberto no hacía nada, estaba cegado y entendía solo lo que ella decía”.

¿Vida en Venus? Todo lo que debes saber

La detección de un gas en la atmósfera de Venus podría cambiar la visión que los científicos tienen de un planeta que durante mucho tiempo se pasó por alto en la búsqueda de vida extraterrestre.

En lo más alto de la atmósfera tóxica del planeta Venus, los astrónomos de la Tierra han descubierto señales de lo que podría ser vida.

Si este descubrimiento se confirma con más observaciones telescópicas y futuras misiones espaciales, los científicos podrían desviar la mirada hacia uno de los objetos más brillantes del cielo nocturno. Venus, llamado así por la diosa romana de la belleza, arde a temperaturas de cientos de grados y está cubierto de nubes que contienen gotas de ácido sulfúrico corrosivo. Pocos se han fijado en ese planeta rocoso como un hábitat donde pudiera existir vida.

Más bien, durante décadas, los científicos han buscado vida en otras partes, usualmente enfocándose en Marte y, recientemente, en Europa, Encélado y otras lunas glaciales de planetas gigantescos.

Los astrónomos, quienes informaron sobre el hallazgo en un par de artículos publicados el lunes, no han recolectado especímenes de microbios venusinos, ni tampoco han tomado ninguna foto de ellos. Sin embargo, con telescopios poderosos, han detectado un químico —fosfina— en la espesa atmósfera de Venus. Después de muchos análisis, los científicos afirman que solo una forma de vida actual puede explicar la fuente del químico.

Algunos investigadores cuestionan esta hipótesis y en cambio sugieren que el gas podría ser producto de un proceso geológico o atmosférico inexplicable en un planeta que sigue siendo misterioso. Pero el hallazgo también alentará a algunos científicos planetarios a preguntar si la humanidad ha ignorado un planeta que en algún momento pudo parecerse más a la Tierra que cualquier otro astro en nuestro sistema solar.

“Este es un hallazgo increíble y ‘salió de la nada’”, comentó Sara Seager, científica planetaria del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés), quien comparte la autoría de uno los artículos (uno se publicó en Nature Astronomy y el otro en la revista Astrobiology). “En definitiva suscitará más investigaciones sobre las posibilidades de que exista vida en la atmósfera de Venus”.

“Sabemos que es un descubrimiento extraordinario”, comentó Clara Sousa-Silva, astrofísica molecular de la Universidad de Harvard, quien ha concentrado sus investigaciones en la fosfina y también forma parte del grupo de autores de los ensayos. “No sabremos cuán extraordinario es si no regresamos a Venus”.

Sarah Stewart Johnson, científica planetaria y directora del Laboratorio Johnson Biosignatures en la Universidad de Georgetown, quien no participó en el estudio, dijo que “recientemente se ha hablado mucho sobre la fosfina como un gas que es una firma biológica en los exoplanetas”, refiriéndose a la búsqueda de vida en mundos que orbitan otras estrellas. “Es genial que se haya encontrado en Venus”.

Y añadió: “Venus ha sido ignorada por la NASA durante mucho tiempo. Es una verdadera lástima”.

David Grinspoon del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson, Arizona, no formó parte de la investigación pero durante mucho tiempo ha promovido la posibilidad de vida en las nubes de Venus, y dijo: “¡Esto es muy emocionante!”.

Según Grinspoon, hay que hacerle seguimiento a esta investigación porque “podría ser la primera observación que revele una biosfera extraterrestre y, además, estaría en el planeta más cercano a casa en todo el cosmos”.

Jim Bridenstine, el administrador de la NASA, dijo en Twitter: “Es momento de priorizar a Venus”.

Venus es uno de los objetos más hermosos en el cielo de la Tierra. Sin embargo, si se observa más de cerca, se vuelve menos encantador.

Venus, a menudo llamado el gemelo de la Tierra, tiene casi la misma masa de nuestro planeta. Muchos científicos creen que Venus alguna vez estuvo cubierto de agua y poseía una atmósfera donde pudo haber florecido la vida como la conocemos.

En los primeros días del sistema solar, la Tierra no era tan acogedora para los seres como nosotros. En ese entonces, había vida aquí, incluso toda una biósfera que no sobrevivió en el entorno rico en oxígeno que se desarrolló después. Además, casi de la misma manera en que la Tierra se volvió el hogar de las medusas, los helechos, los dinosaurios y el Homo sapiens con el tiempo, Venus se transformó en algo parecido a un infierno.

En la actualidad, el segundo planeta más cercano al Sol tiene una atmósfera asfixiada por dióxido de carbono en su forma gaseosa y temperaturas en la superficie que promedian más de 460 grados Celsius. La densa atmósfera de Venus ejerce una presión de más de 91 kilos por centímetro cuadrado en cualquier parte de la superficie. Esa cantidad es 90 veces el kilogramo por centímetro cuadrado al nivel del mar en la Tierra, o el equivalente a estar 914 metros bajo el agua en el océano.

Por lo tanto, no es un lugar que sea fácil de visitar o investigar, aunque eso no quiere decir que no se haya intentado. Los programas espaciales han puesto a prueba decenas de misiones robóticas en Venus, muchas de las cuales fueron parte de la serie Venera de la Unión Soviética. Sin embargo, el planeta se come el metal, pues en minutos derrite y aplasta cualquier nave espacial que haya tocado su superficie. De todos esos intentos, tan solo dos lograron captar directamente imágenes de la superficie del planeta.

Mientras que la parte congelada de Marte está rodeada de orbitadores y vigilada por vehículos exploradores de la NASA, solo hay una sonda que estudia a Venus, la solitaria nave espacial japonesa Akatsuki. Las misiones futuras al planeta siguen siendo meros conceptos.

Aunque la superficie de Venus es como un alto horno, una capa de nubes ubicada a tan solo 50 kilómetros por debajo de la parte más alta de su atmósfera puede alcanzar temperaturas mínimas de hasta 30 grados Celsius y tiene una presión similar a la del nivel del suelo en la Tierra. Muchos científicos planetarios, entre ellos Carl Sagan y Harold Morowitz, quienes propusieron la idea hace 53 años, han planteado la hipótesis de que podría haber vida allá.

En junio de 2017, Jane Greaves, astrónoma de la Universidad de Cardiff en Gales, se dispuso a probar esa hipótesis por medio del Telescopio James Clerk Maxwell en Hawái, en busca de señales de varias moléculas de Venus. Diferentes especies de moléculas absorberán las ondas radiales que provienen de las nubes en distintas longitudes de onda particulares. Uno de los químicos fue la fosfina. Greaves no esperaba encontrarla.

“Me intrigó la idea de buscar fosfina, porque el fósforo podría ser una especie de prueba para determinar si hay vida”, comentó Greaves.

Los químicos compararon la fosfina con una pirámide: un átomo de fósforo encima de una base de tres átomos de hidrógeno. La nave espacial Cassini de la NASA la detectó en la atmósfera de Júpiter y Saturno. En ese escenario, según Sousa-Silva, la vida no es necesaria para formar la fosfina. La inmensidad del calor y las presiones pueden juntar a la fuerza los átomos de fósforo e hidrógeno para formar la molécula.

Sin embargo, según los investigadores, en planetas más pequeños y rocosos como la Tierra y Venus no hay suficiente energía para producir cantidades copiosas de fosfina de la misma manera. No obstante, hay algo que parece ser muy bueno para producirla: la vida anaeróbica, es decir, los organismos microbianos que no necesitan ni usan oxígeno.

En esos mundos, “hasta donde sabemos, solo la vida puede producir fosfina”, señaló Sousa-Silva, quien ha estudiado el gas desde hace tiempo, siguiendo la teoría que apunta a que una posible prueba de la existencia de vida en otras partes de la Vía Láctea es la emisión de fosfina en planetas rocosos que orbitan estrellas distantes.

Aquí en la Tierra, la fosfina se encuentra en nuestros intestinos, en las heces de los tejones y los pingüinos, y en algunos gusanos marinos de aguas profundas, así como otros entornos biológicos asociados con organismos anaeróbicos. El gas también es extremadamente venenoso. Los militares lo han empleado para crear armas químicas, y se utiliza como pesticida en las granjas. En la serie de televisión Breaking Bad, el personaje principal, Walter White, lo usa para matar a dos rivales.

Sin embargo, los científicos todavía no explican cómo lo producen los microbios de la Tierra.

“No se sabe mucho de dónde proviene, cómo se forma, y ese tipo de cosas”, mencionó Matthew Pasek, geocientífico de la Universidad del Sur de Florida en Tampa. “Lo hemos visto asociado con el lugar donde están los microbios, pero no hemos visto que un microbio lo haga, lo cual es una diferencia sutil, pero importante”.

Sousa-Silva quedó sorprendida cuando Greaves dijo que había detectado fosfina.

“Pienso mucho en ese momento, porque me tomó unos minutos considerar qué estaba pasando”, mencionó.

Si de verdad hubiera fosfina en Venus, no podría haber otra explicación obvia más que la vida anaeróbica, según Sousa-Silva.

“Lo que encontremos de manera circunstancial también tiene una relación lógica con lo que sabemos de termodinámica”, señaló.

El equipo necesitaba un telescopio más poderoso por eso, en marzo de 2019, los científicos usaron el Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama, en Chile.

Esta vez, vieron que todas las señales apuntaban a la fosfina, y en grandes cantidades, de 5 a 20 partes por mil millones. Aunque esas cifras pueden parecer pequeñas, es una cantidad miles de veces mayor a la encontrada en la atmósfera de la Tierra.

Sousa-Silva, Greaves y sus colegas habían planeado completar las observaciones telescópicas adicionales a principios de este año. Pero la pandemia de coronavirus y el tiempo limitado de Venus sobre el horizonte interfirieron con sus planes para reunir más evidencias, dejando muchas preguntas sin respuesta.

“El hallazgo en sí mismo es asombroso”, dijo Paul Byrne, científico planetario de la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Raleigh, quien no participó en la investigación. Y sostuvo que aunque era “escéptico ante la posibilidad de que sea la vida, no tengo una mejor explicación para lo que es”.

El equipo ha dedicado un año de simulaciones computarizadas a la recreación del ambiente venusino para poner a prueba diferentes explicaciones sobre la fuente y abundancia de la fosfina.

“La luz descompone la fosfina de manera constante, así que se debe reponer continuamente”, mencionó William Bains, bioquímico del MIT y coautor de los artículos.

La actividad volcánica y los relámpagos de Venus no bastarían para que haya más de esta fosfina que desaparece constantemente, de acuerdo con los modelos de los investigadores. No obstante, los seres vivos podrían emitir suficiente gas.

“Lo que hemos hecho es descartar todas las otras fuentes de fosfina que no sean seres vivos”, señaló Bains.

Otros científicos planetarios argumentan que no se puede descartar un origen no biológico.

“A pesar de especulaciones previas (en su mayor parte de los mismos autores), esto difícilmente se puede considerar como una firma biológica”, mencionó en un correo electrónico Gerald Joyce, biólogo del Instituto Salk de California, quien ha experimentado con la creación de vida en un laboratorio. En su propio artículo, Joyce hizo notar que los investigadores escribieron que “la detección de fosfina no es una prueba contundente de vida, sino tan solo de una química anómala y sin explicación”.

James Kasting, un geocientífico y experto en habitabilidad planetaria de la Universidad Estatal de Pensilvania en State College, expresó una precaución similar y dijo que: “El modelo de composición atmosférica que muestran es, en el mejor de los casos, incompleto”.

Lo suficientemente caliente como para derretir metal y con nubes llenas de ácido, cualquier forma de vida que pudiera sobrevivir en la atmósfera de Venus tendría que ser capaz de soportar condiciones extremas.
Credit…Rick Guidice/ARC/NASA

El hallazgo forma parte de una historia de detecciones de gases en otros mundos que pueden ser subproductos de la vida. Pero estos gases, como las emanaciones de metano y oxígeno en Marte, también pueden ser producidos por reacciones químicas que no involucran vida en absoluto. Hasta ahora, estas señales han sido intrigantes, pero no son una prueba convincente de vida extraterrestre.

Aunque hay pocas personas que dudan de la presencia de esta fosfina en Venus, ¿qué tipo de vida tendría que haber en las nubes de Venus para producir el gas?

Estos seres vivos tuvieron que haber evolucionado para sobrevivir en un ambiente tan ácido, tal vez con capas protectoras exteriores similares a las de los organismos microscópicos de los entornos más extremos de la Tierra.

En un artículo publicado en agosto, Seager y sus colegas sugirieron que los microbios que vuelan en lo más alto de las corrientes de aire, llamadas ondas de gravedad, podían vivir, metabolizar y reproducirse dentro de gotas de ácido sulfúrico y agua. Y, debido a la cantidad de gas que se produce, la población de estos microbios sería abundante.

En cuanto a cómo llegaron los microbios ahí, según Seager, la suposición más probable es que se hayan originado en la superficie hace unos 700 millones de años, cuando Venus tenía océanos, pero se vieron obligados a migrar a los cielos cuando se secó el planeta.

Además, nadie sabe si los microbios, en caso de ser reales, están basados en un ADN parecido al nuestro o algo completamente distinto.

“Cuando se busca vida en otras partes, es difícil no ser geocéntrico”, comentó Sousa-Silva. “Porque solo tenemos ese punto de observación”.

Antes de echar a volar la imaginación, los investigadores quieren recabar más datos telescópicos, y poner a prueba y desafiar sus modelos. Las misiones espaciales robóticas a Venus también podrían ayudar al progreso de la investigación.

La agencia espacial de la India ha propuesto una misión, en los próximos años, al igual que Rocket Lab, una empresa privada de cohetes.

Y la NASA, que se ha negado a financiar varias misiones a Venus en las últimas décadas, anunció en febrero que consideraría un par de naves espaciales propuestas entre los cuatro finalistas que compiten por una ronda de financiación.

“Durante las últimas dos décadas, hemos hecho nuevos descubrimientos que colectivamente implican un aumento significativo de la probabilidad de encontrar vida en otro lugar”, dijo Thomas Zurbuchen, quien encabeza el directorio científico de la NASA y ayuda a seleccionar las misiones para explorar el sistema solar.

“Muchos científicos no se imaginaron que Venus sería una parte importante de esta discusión. Pero, al igual que sucede con un número cada vez mayor de cuerpos planetarios, Venus está demostrando que es un lugar emocionante de descubrimientos”.

 

 

¿Vida en Venus? Todo lo que debes saber

La detección de un gas en la atmósfera de Venus podría cambiar la visión que los científicos tienen de un planeta que durante mucho tiempo se pasó por alto en la búsqueda de vida extraterrestre.

En lo más alto de la atmósfera tóxica del planeta Venus, los astrónomos de la Tierra han descubierto señales de lo que podría ser vida.

Si este descubrimiento se confirma con más observaciones telescópicas y futuras misiones espaciales, los científicos podrían desviar la mirada hacia uno de los objetos más brillantes del cielo nocturno. Venus, llamado así por la diosa romana de la belleza, arde a temperaturas de cientos de grados y está cubierto de nubes que contienen gotas de ácido sulfúrico corrosivo. Pocos se han fijado en ese planeta rocoso como un hábitat donde pudiera existir vida.

Más bien, durante décadas, los científicos han buscado vida en otras partes, usualmente enfocándose en Marte y, recientemente, en Europa, Encélado y otras lunas glaciales de planetas gigantescos.

Los astrónomos, quienes informaron sobre el hallazgo en un par de artículos publicados el lunes, no han recolectado especímenes de microbios venusinos, ni tampoco han tomado ninguna foto de ellos. Sin embargo, con telescopios poderosos, han detectado un químico —fosfina— en la espesa atmósfera de Venus. Después de muchos análisis, los científicos afirman que solo una forma de vida actual puede explicar la fuente del químico.

Algunos investigadores cuestionan esta hipótesis y en cambio sugieren que el gas podría ser producto de un proceso geológico o atmosférico inexplicable en un planeta que sigue siendo misterioso. Pero el hallazgo también alentará a algunos científicos planetarios a preguntar si la humanidad ha ignorado un planeta que en algún momento pudo parecerse más a la Tierra que cualquier otro astro en nuestro sistema solar.

“Este es un hallazgo increíble y ‘salió de la nada’”, comentó Sara Seager, científica planetaria del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés), quien comparte la autoría de uno los artículos (uno se publicó en Nature Astronomy y el otro en la revista Astrobiology). “En definitiva suscitará más investigaciones sobre las posibilidades de que exista vida en la atmósfera de Venus”.

“Sabemos que es un descubrimiento extraordinario”, comentó Clara Sousa-Silva, astrofísica molecular de la Universidad de Harvard, quien ha concentrado sus investigaciones en la fosfina y también forma parte del grupo de autores de los ensayos. “No sabremos cuán extraordinario es si no regresamos a Venus”.

Sarah Stewart Johnson, científica planetaria y directora del Laboratorio Johnson Biosignatures en la Universidad de Georgetown, quien no participó en el estudio, dijo que “recientemente se ha hablado mucho sobre la fosfina como un gas que es una firma biológica en los exoplanetas”, refiriéndose a la búsqueda de vida en mundos que orbitan otras estrellas. “Es genial que se haya encontrado en Venus”.

Y añadió: “Venus ha sido ignorada por la NASA durante mucho tiempo. Es una verdadera lástima”.

David Grinspoon del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson, Arizona, no formó parte de la investigación pero durante mucho tiempo ha promovido la posibilidad de vida en las nubes de Venus, y dijo: “¡Esto es muy emocionante!”.

Según Grinspoon, hay que hacerle seguimiento a esta investigación porque “podría ser la primera observación que revele una biosfera extraterrestre y, además, estaría en el planeta más cercano a casa en todo el cosmos”.

Jim Bridenstine, el administrador de la NASA, dijo en Twitter: “Es momento de priorizar a Venus”.

Venus es uno de los objetos más hermosos en el cielo de la Tierra. Sin embargo, si se observa más de cerca, se vuelve menos encantador.

Venus, a menudo llamado el gemelo de la Tierra, tiene casi la misma masa de nuestro planeta. Muchos científicos creen que Venus alguna vez estuvo cubierto de agua y poseía una atmósfera donde pudo haber florecido la vida como la conocemos.

En los primeros días del sistema solar, la Tierra no era tan acogedora para los seres como nosotros. En ese entonces, había vida aquí, incluso toda una biósfera que no sobrevivió en el entorno rico en oxígeno que se desarrolló después. Además, casi de la misma manera en que la Tierra se volvió el hogar de las medusas, los helechos, los dinosaurios y el Homo sapiens con el tiempo, Venus se transformó en algo parecido a un infierno.

En la actualidad, el segundo planeta más cercano al Sol tiene una atmósfera asfixiada por dióxido de carbono en su forma gaseosa y temperaturas en la superficie que promedian más de 460 grados Celsius. La densa atmósfera de Venus ejerce una presión de más de 91 kilos por centímetro cuadrado en cualquier parte de la superficie. Esa cantidad es 90 veces el kilogramo por centímetro cuadrado al nivel del mar en la Tierra, o el equivalente a estar 914 metros bajo el agua en el océano.

Por lo tanto, no es un lugar que sea fácil de visitar o investigar, aunque eso no quiere decir que no se haya intentado. Los programas espaciales han puesto a prueba decenas de misiones robóticas en Venus, muchas de las cuales fueron parte de la serie Venera de la Unión Soviética. Sin embargo, el planeta se come el metal, pues en minutos derrite y aplasta cualquier nave espacial que haya tocado su superficie. De todos esos intentos, tan solo dos lograron captar directamente imágenes de la superficie del planeta.

Mientras que la parte congelada de Marte está rodeada de orbitadores y vigilada por vehículos exploradores de la NASA, solo hay una sonda que estudia a Venus, la solitaria nave espacial japonesa Akatsuki. Las misiones futuras al planeta siguen siendo meros conceptos.

Aunque la superficie de Venus es como un alto horno, una capa de nubes ubicada a tan solo 50 kilómetros por debajo de la parte más alta de su atmósfera puede alcanzar temperaturas mínimas de hasta 30 grados Celsius y tiene una presión similar a la del nivel del suelo en la Tierra. Muchos científicos planetarios, entre ellos Carl Sagan y Harold Morowitz, quienes propusieron la idea hace 53 años, han planteado la hipótesis de que podría haber vida allá.

En junio de 2017, Jane Greaves, astrónoma de la Universidad de Cardiff en Gales, se dispuso a probar esa hipótesis por medio del Telescopio James Clerk Maxwell en Hawái, en busca de señales de varias moléculas de Venus. Diferentes especies de moléculas absorberán las ondas radiales que provienen de las nubes en distintas longitudes de onda particulares. Uno de los químicos fue la fosfina. Greaves no esperaba encontrarla.

“Me intrigó la idea de buscar fosfina, porque el fósforo podría ser una especie de prueba para determinar si hay vida”, comentó Greaves.

Los químicos compararon la fosfina con una pirámide: un átomo de fósforo encima de una base de tres átomos de hidrógeno. La nave espacial Cassini de la NASA la detectó en la atmósfera de Júpiter y Saturno. En ese escenario, según Sousa-Silva, la vida no es necesaria para formar la fosfina. La inmensidad del calor y las presiones pueden juntar a la fuerza los átomos de fósforo e hidrógeno para formar la molécula.

Sin embargo, según los investigadores, en planetas más pequeños y rocosos como la Tierra y Venus no hay suficiente energía para producir cantidades copiosas de fosfina de la misma manera. No obstante, hay algo que parece ser muy bueno para producirla: la vida anaeróbica, es decir, los organismos microbianos que no necesitan ni usan oxígeno.

En esos mundos, “hasta donde sabemos, solo la vida puede producir fosfina”, señaló Sousa-Silva, quien ha estudiado el gas desde hace tiempo, siguiendo la teoría que apunta a que una posible prueba de la existencia de vida en otras partes de la Vía Láctea es la emisión de fosfina en planetas rocosos que orbitan estrellas distantes.

Aquí en la Tierra, la fosfina se encuentra en nuestros intestinos, en las heces de los tejones y los pingüinos, y en algunos gusanos marinos de aguas profundas, así como otros entornos biológicos asociados con organismos anaeróbicos. El gas también es extremadamente venenoso. Los militares lo han empleado para crear armas químicas, y se utiliza como pesticida en las granjas. En la serie de televisión Breaking Bad, el personaje principal, Walter White, lo usa para matar a dos rivales.

Sin embargo, los científicos todavía no explican cómo lo producen los microbios de la Tierra.

“No se sabe mucho de dónde proviene, cómo se forma, y ese tipo de cosas”, mencionó Matthew Pasek, geocientífico de la Universidad del Sur de Florida en Tampa. “Lo hemos visto asociado con el lugar donde están los microbios, pero no hemos visto que un microbio lo haga, lo cual es una diferencia sutil, pero importante”.

Sousa-Silva quedó sorprendida cuando Greaves dijo que había detectado fosfina.

“Pienso mucho en ese momento, porque me tomó unos minutos considerar qué estaba pasando”, mencionó.

Si de verdad hubiera fosfina en Venus, no podría haber otra explicación obvia más que la vida anaeróbica, según Sousa-Silva.

“Lo que encontremos de manera circunstancial también tiene una relación lógica con lo que sabemos de termodinámica”, señaló.

El equipo necesitaba un telescopio más poderoso por eso, en marzo de 2019, los científicos usaron el Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama, en Chile.

Esta vez, vieron que todas las señales apuntaban a la fosfina, y en grandes cantidades, de 5 a 20 partes por mil millones. Aunque esas cifras pueden parecer pequeñas, es una cantidad miles de veces mayor a la encontrada en la atmósfera de la Tierra.

Sousa-Silva, Greaves y sus colegas habían planeado completar las observaciones telescópicas adicionales a principios de este año. Pero la pandemia de coronavirus y el tiempo limitado de Venus sobre el horizonte interfirieron con sus planes para reunir más evidencias, dejando muchas preguntas sin respuesta.

“El hallazgo en sí mismo es asombroso”, dijo Paul Byrne, científico planetario de la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Raleigh, quien no participó en la investigación. Y sostuvo que aunque era “escéptico ante la posibilidad de que sea la vida, no tengo una mejor explicación para lo que es”.

El equipo ha dedicado un año de simulaciones computarizadas a la recreación del ambiente venusino para poner a prueba diferentes explicaciones sobre la fuente y abundancia de la fosfina.

“La luz descompone la fosfina de manera constante, así que se debe reponer continuamente”, mencionó William Bains, bioquímico del MIT y coautor de los artículos.

La actividad volcánica y los relámpagos de Venus no bastarían para que haya más de esta fosfina que desaparece constantemente, de acuerdo con los modelos de los investigadores. No obstante, los seres vivos podrían emitir suficiente gas.

“Lo que hemos hecho es descartar todas las otras fuentes de fosfina que no sean seres vivos”, señaló Bains.

Otros científicos planetarios argumentan que no se puede descartar un origen no biológico.

“A pesar de especulaciones previas (en su mayor parte de los mismos autores), esto difícilmente se puede considerar como una firma biológica”, mencionó en un correo electrónico Gerald Joyce, biólogo del Instituto Salk de California, quien ha experimentado con la creación de vida en un laboratorio. En su propio artículo, Joyce hizo notar que los investigadores escribieron que “la detección de fosfina no es una prueba contundente de vida, sino tan solo de una química anómala y sin explicación”.

James Kasting, un geocientífico y experto en habitabilidad planetaria de la Universidad Estatal de Pensilvania en State College, expresó una precaución similar y dijo que: “El modelo de composición atmosférica que muestran es, en el mejor de los casos, incompleto”.

Lo suficientemente caliente como para derretir metal y con nubes llenas de ácido, cualquier forma de vida que pudiera sobrevivir en la atmósfera de Venus tendría que ser capaz de soportar condiciones extremas.
Credit…Rick Guidice/ARC/NASA

El hallazgo forma parte de una historia de detecciones de gases en otros mundos que pueden ser subproductos de la vida. Pero estos gases, como las emanaciones de metano y oxígeno en Marte, también pueden ser producidos por reacciones químicas que no involucran vida en absoluto. Hasta ahora, estas señales han sido intrigantes, pero no son una prueba convincente de vida extraterrestre.

Aunque hay pocas personas que dudan de la presencia de esta fosfina en Venus, ¿qué tipo de vida tendría que haber en las nubes de Venus para producir el gas?

Estos seres vivos tuvieron que haber evolucionado para sobrevivir en un ambiente tan ácido, tal vez con capas protectoras exteriores similares a las de los organismos microscópicos de los entornos más extremos de la Tierra.

En un artículo publicado en agosto, Seager y sus colegas sugirieron que los microbios que vuelan en lo más alto de las corrientes de aire, llamadas ondas de gravedad, podían vivir, metabolizar y reproducirse dentro de gotas de ácido sulfúrico y agua. Y, debido a la cantidad de gas que se produce, la población de estos microbios sería abundante.

En cuanto a cómo llegaron los microbios ahí, según Seager, la suposición más probable es que se hayan originado en la superficie hace unos 700 millones de años, cuando Venus tenía océanos, pero se vieron obligados a migrar a los cielos cuando se secó el planeta.

Además, nadie sabe si los microbios, en caso de ser reales, están basados en un ADN parecido al nuestro o algo completamente distinto.

“Cuando se busca vida en otras partes, es difícil no ser geocéntrico”, comentó Sousa-Silva. “Porque solo tenemos ese punto de observación”.

Antes de echar a volar la imaginación, los investigadores quieren recabar más datos telescópicos, y poner a prueba y desafiar sus modelos. Las misiones espaciales robóticas a Venus también podrían ayudar al progreso de la investigación.

La agencia espacial de la India ha propuesto una misión, en los próximos años, al igual que Rocket Lab, una empresa privada de cohetes.

Y la NASA, que se ha negado a financiar varias misiones a Venus en las últimas décadas, anunció en febrero que consideraría un par de naves espaciales propuestas entre los cuatro finalistas que compiten por una ronda de financiación.

“Durante las últimas dos décadas, hemos hecho nuevos descubrimientos que colectivamente implican un aumento significativo de la probabilidad de encontrar vida en otro lugar”, dijo Thomas Zurbuchen, quien encabeza el directorio científico de la NASA y ayuda a seleccionar las misiones para explorar el sistema solar.

“Muchos científicos no se imaginaron que Venus sería una parte importante de esta discusión. Pero, al igual que sucede con un número cada vez mayor de cuerpos planetarios, Venus está demostrando que es un lugar emocionante de descubrimientos”.

 

 

El primer planeta descubierto alrededor de una enana blanca nos muestra el destino del Sistema Solar

Se trata de un mundo algo mayor que Júpiter y que logró sobrevivir a los procesos de transformaciòn de una estrella similar al Sol a la enana blanca actual

En apenas unas décadas, los científicos han descubierto ya cerca de 4.000 planetas alrededor de otras estrellas, y la cifra sigue aumentando cada día. Se han encontrado ya tantos mundos “ahí fuera” que los astrónomos han empezado a clasificarlos por tipos o familias. Por supuesto, los que más nos interesan son los que se parecen a la Tierra: planetas sólidos, con temperaturas que permitan la existencia de agua líquida y, además, en órbita de estrellas amarillas y estables, como el Sol.

Ahora bien, ¿cuántas estrellas similares al Sol hay en la Vía Láctea? Según las estimaciones más recientes, alrededor de diez mil millones, una pequeña parte del total de estrellas de nuestra galaxia (entre 100.000 y 400.000 millones), pero aún así una cantidad muy considerable. De ellas, la observación nos dice que una de cada tres (estrellas del mismo tipo que el Sol) cuenta con sistemas planetarios. Es decir, que solo en la Vía Láctea deben existir por lo menos unos 3.000 millones de estrellas del tipo Sol con sistemas planetarios similares al nuestro. En total, miles de millones de planetas.

Abocados a una muerte segura

Pues bien, todos esos soles parecidos al nuestro morirán, destrozando en el proceso a sus sistemas planetarios y dejando tras de sí rescoldos ardientes conocidos como “enanas blancas”. El proceso, en resumen, sería el siguiente: El Sol, y las estrellas que se le parecen, están quemando hidrógeno en su horno nuclear, creando helio al mismo tiempo. La enorme energía liberada por la fusión sirve para evitar que la gravedad aplaste a la estrella, llevándola al colapso.

Pero la reserva de hidrógeno no dura para siempre. Nuestro Sol, por ejemplo, ha quemado ya la mitad de esa reserva durante sus 5.000 millones de años de existencia, y le queda lo suficiente como para aguantar otros 5.000 millones de años más. Aunque al final, inevitablemente, el hidrógeno se terminará, el horno se apagará y la gravedad, implacable y ya sin nada que se le oponga, empezará a comprimirlo con una fuerza irresistible.

Sin embargo, incluso en ese momento, no todo el “combustible” se habrá gastado. Alrededor del núcleo ya apagado, en efecto, seguirá habiendo remanentes de hidrógeno y la fusión, aunque en una escala mucho menor, seguirá produciéndose. Lo cual tendrá unas consecuencias dramáticas.

Impulsado por esa energía sobrante, y aplastado al mismo tiempo por una gravedad creciente, el Sol expulsará con violencia al espacio sus capas externas. Visto desde fuera, nuestra estrella parecerá estar hinchándose de forma desmedida, como un inmenso globo incandescente. Su tamaño crecerá tanto que terminará por “engullir” a Mercurio, Venus y posiblemente también a la Tierra.

Cuando el proceso haya terminado y las capas expulsadas se diluyan en el espacio, lo poco que quede de la estrella quedará expuesto: un rescoldo blanquecino, no mayor que la Tierra, que se seguirá enfriando lentamente a lo largo de muchos miles de millones de años. Habrá nacido una enana blanca.

En este escenario, está claro que los planetas más próximos al Sol habrán sido inevitablemente destruidos. ¿Pero qué pasa con el resto, con los planetas más alejados? Marte, Júpiter, Saturno, Urano… ¿Podrían sobrevivir a la catástrofe? ¿Seguirá existiendo un Sistema Solar cuando el Sol se transforme en una enana blanca?

El primer superviviente

Lo cierto es que no lo sabemos, porque nunca se ha encontrado cerca de una enana blanca un planeta que haya podido sobrevivir al proceso. Hasta ahora. En un artículo recién publicado en Nature, en efecto, Andrew Vanderurg, de la Universidad de Texas (actualmente en la de Winsconsin-Madison) y al frente de una colaboración internacional de astrónomos, ha informado del hallazgo del primer exoplaneta encontrado alrededor de uno de estos remanentes estelares. Uno que sin duda logró sobrevivir a los dramáticos cambios sufridos por su estrella y cuyo hallazgo supone, también, la posibilidad de “echar un vistazo” al destino de nuestro propio Sistema Solar. El descubrimiento se llevó a cabo con el telescopio espacial TESS, de la NASA, especializado en la “caza” de planetas, en combinación con dos grandes telescopios terrestres en el observatorio de Canarias.

El nuevo planeta, más grande que nuestro Júpiter, se encuentra a unos 80 años luz de distancia (bastante cerca en términos astronómicos) y orbita a gran velocidad y extraordinariamente cerca de su estrella, llamada WD 1856+534. Ni que decir tiene que el sistema no tiene nada que ver con ningún otro visto hasta ahora, y que viola todas las convenciones establecidas sobre estrellas y planetas.

La enana blanca, que como se ha dicho es lo que queda de una estrella que fue muy parecida al Sol, apenas si tiene el tamaño de la Tierra y es mucho más pequeña que su propio planeta, que gira a su alrededor una vez cada 34 horas. Su año, pues, equivale a poco más de un día terrestre (1,4 días). En comparación, Mercurio, que es el planeta de nuestro sistema más cercano al Sol, tarda 90 días en completar una órbita a su alrededor.

“Nunca antes habíamos visto que un planeta se acercara tanto a una enana blanca y sobreviviera -explica Vanderburg-. Es una agradable sorpresa”. La afición del científico por las enanas blancas viene de muy atrás, desde que en su etapa de estudiante se topó con una enana blanca que estaba rodeada por una nube de escombros. “Al final, terminamos descubriendo que se trataba de un planeta menor o de un asteroide que estaba siendo destrozado justo mientras observábamos, lo cual fue realmente genial. El planeta estaba siendo destruido por la estrella después de que su transición a enana blanca alterara su órbita y le hiciera caer directamente hacia ella”. Desde entonces, Vanderburg se ha estado preguntando si los planetas, especialmente los más grandes, podrían sobrevivir a esa violenta transición estelar.

Un hallazgo histórico

Mientras escaneaban los datos de miles de enanas blancas recopilados por TESS, los investigadores detectaron una estrella cuyo brillo se atenuaba más de la mitad (un 56%) aproximadamente cada día y medio. Lo cual era una señal de que algo muy grande estaba pasando periódicamente frente a la estrella a gran velocidad. Pero el brillo de una estrella cercana hacía difícil interpretar los datos de TESS, por lo que los astrónomos decidieron complementarlos con los obtenidos por varios telescopios terrestres de mayor resolución, incluyendo a tres que estaban dirigidos por astrónomos aficionados.

“Una vez que el deslumbramiento estuvo bajo control -explica Vanderburg- obtuvimos en una sola noche datos mucho más limpios que los de un mes entero de observaciones desde el espacio”. De hecho, al ser las enanas blancas mucho más pequeñas que las estrellas normales, los grandes planetas que pasan frente a ellas bloquean gran parte de su luz, lo que hace que la detección sea más fácil desde telescopios terrestres.

Finalmente, los datos revelaron que un planeta algo más grande que Júpiter orbitaba extraordinariamente cerca de su estrella. El equipo de Vanderburg cree que en origen el planeta estaba mucho más lejos de la estrella y que se trasladó a su órbita actual después de que la estrella se convirtiera en enana blanca.

La siguiente pregunta llegó enseguida: ¿Cómo pudo este planeta sobrevivir durante esa agitada transición estelar? Desde luego, lo que los científicos estaban viendo no encajaba con ninguno de los modelos existentes. Para tratar de resolver el misterio, los investigadores llevaron a cabo una serie de nuevas simulaciones. En ellas se aprecia que cuando la estrella original se quedó sin combustible, se expandió hasta convertirse en una gigante roja, engullendo a los planetas más cercanos y desestabilizando las órbitas de los que pudiera haber más lejos. Eso hizo que el mundo similar a Júpiter tomara una órbita exageradamente ovalada, pasando muy cerca de la enana blanca, ya encogida, pero también llevándolo periódicamente muy lejos en cada vértice de su órbita.

Durante eones, la interacción gravitacional entre la enana blanca y su planeta dispersó lentamente la energía, lo que finalmente llevó al planeta a una órbita circular estrecha que solo necesita un día y medio para completarse. El proceso llevó tiempo, posiblemente varios miles de millones de años. De hecho, esta enana blanca en particular es una de las más viejas observadas por TESS. Tiene casi 6.000 millones de años, tiempo más que de sobra para ralentizar a su enorme planeta asociado.

¿Posibles mundos habitables?

Aunque en el interior de las enanas blancas ya no hay fusión nuclear, siguen liberando luz y calor a medida que se van enfriando lentamente. Y es incluso posible que un planeta adecuado y que esté lo suficientemente cerca pueda llegar a tener elementos, como el agua, necesarios para la vida.

Ahora que se ha confirmado que estos extraños sistemas solares existen realmente, los científicos disponen de una nueva y tentadora oportunidad para buscar otras formas de vida. La estructura única de estos sistemas planetarios “enanos blancos” brinda, en efecto, una ocasión ideal para estudiar las firmas químicas de las atmósferas de los mundos en órbita, una forma de buscar señales de vida a distancia.

En palabras de Vanderburg, “creo que la parte más emocionante de este trabajo es lo que significa tanto para la habitabilidad en general como para nuestra capacidad de encontrar pruebas de esa habitabilidad”.

El primer planeta descubierto alrededor de una enana blanca nos muestra el destino del Sistema Solar

Se trata de un mundo algo mayor que Júpiter y que logró sobrevivir a los procesos de transformaciòn de una estrella similar al Sol a la enana blanca actual

En apenas unas décadas, los científicos han descubierto ya cerca de 4.000 planetas alrededor de otras estrellas, y la cifra sigue aumentando cada día. Se han encontrado ya tantos mundos “ahí fuera” que los astrónomos han empezado a clasificarlos por tipos o familias. Por supuesto, los que más nos interesan son los que se parecen a la Tierra: planetas sólidos, con temperaturas que permitan la existencia de agua líquida y, además, en órbita de estrellas amarillas y estables, como el Sol.

Ahora bien, ¿cuántas estrellas similares al Sol hay en la Vía Láctea? Según las estimaciones más recientes, alrededor de diez mil millones, una pequeña parte del total de estrellas de nuestra galaxia (entre 100.000 y 400.000 millones), pero aún así una cantidad muy considerable. De ellas, la observación nos dice que una de cada tres (estrellas del mismo tipo que el Sol) cuenta con sistemas planetarios. Es decir, que solo en la Vía Láctea deben existir por lo menos unos 3.000 millones de estrellas del tipo Sol con sistemas planetarios similares al nuestro. En total, miles de millones de planetas.

Abocados a una muerte segura

Pues bien, todos esos soles parecidos al nuestro morirán, destrozando en el proceso a sus sistemas planetarios y dejando tras de sí rescoldos ardientes conocidos como “enanas blancas”. El proceso, en resumen, sería el siguiente: El Sol, y las estrellas que se le parecen, están quemando hidrógeno en su horno nuclear, creando helio al mismo tiempo. La enorme energía liberada por la fusión sirve para evitar que la gravedad aplaste a la estrella, llevándola al colapso.

Pero la reserva de hidrógeno no dura para siempre. Nuestro Sol, por ejemplo, ha quemado ya la mitad de esa reserva durante sus 5.000 millones de años de existencia, y le queda lo suficiente como para aguantar otros 5.000 millones de años más. Aunque al final, inevitablemente, el hidrógeno se terminará, el horno se apagará y la gravedad, implacable y ya sin nada que se le oponga, empezará a comprimirlo con una fuerza irresistible.

Sin embargo, incluso en ese momento, no todo el “combustible” se habrá gastado. Alrededor del núcleo ya apagado, en efecto, seguirá habiendo remanentes de hidrógeno y la fusión, aunque en una escala mucho menor, seguirá produciéndose. Lo cual tendrá unas consecuencias dramáticas.

Impulsado por esa energía sobrante, y aplastado al mismo tiempo por una gravedad creciente, el Sol expulsará con violencia al espacio sus capas externas. Visto desde fuera, nuestra estrella parecerá estar hinchándose de forma desmedida, como un inmenso globo incandescente. Su tamaño crecerá tanto que terminará por “engullir” a Mercurio, Venus y posiblemente también a la Tierra.

Cuando el proceso haya terminado y las capas expulsadas se diluyan en el espacio, lo poco que quede de la estrella quedará expuesto: un rescoldo blanquecino, no mayor que la Tierra, que se seguirá enfriando lentamente a lo largo de muchos miles de millones de años. Habrá nacido una enana blanca.

En este escenario, está claro que los planetas más próximos al Sol habrán sido inevitablemente destruidos. ¿Pero qué pasa con el resto, con los planetas más alejados? Marte, Júpiter, Saturno, Urano… ¿Podrían sobrevivir a la catástrofe? ¿Seguirá existiendo un Sistema Solar cuando el Sol se transforme en una enana blanca?

El primer superviviente

Lo cierto es que no lo sabemos, porque nunca se ha encontrado cerca de una enana blanca un planeta que haya podido sobrevivir al proceso. Hasta ahora. En un artículo recién publicado en Nature, en efecto, Andrew Vanderurg, de la Universidad de Texas (actualmente en la de Winsconsin-Madison) y al frente de una colaboración internacional de astrónomos, ha informado del hallazgo del primer exoplaneta encontrado alrededor de uno de estos remanentes estelares. Uno que sin duda logró sobrevivir a los dramáticos cambios sufridos por su estrella y cuyo hallazgo supone, también, la posibilidad de “echar un vistazo” al destino de nuestro propio Sistema Solar. El descubrimiento se llevó a cabo con el telescopio espacial TESS, de la NASA, especializado en la “caza” de planetas, en combinación con dos grandes telescopios terrestres en el observatorio de Canarias.

El nuevo planeta, más grande que nuestro Júpiter, se encuentra a unos 80 años luz de distancia (bastante cerca en términos astronómicos) y orbita a gran velocidad y extraordinariamente cerca de su estrella, llamada WD 1856+534. Ni que decir tiene que el sistema no tiene nada que ver con ningún otro visto hasta ahora, y que viola todas las convenciones establecidas sobre estrellas y planetas.

La enana blanca, que como se ha dicho es lo que queda de una estrella que fue muy parecida al Sol, apenas si tiene el tamaño de la Tierra y es mucho más pequeña que su propio planeta, que gira a su alrededor una vez cada 34 horas. Su año, pues, equivale a poco más de un día terrestre (1,4 días). En comparación, Mercurio, que es el planeta de nuestro sistema más cercano al Sol, tarda 90 días en completar una órbita a su alrededor.

“Nunca antes habíamos visto que un planeta se acercara tanto a una enana blanca y sobreviviera -explica Vanderburg-. Es una agradable sorpresa”. La afición del científico por las enanas blancas viene de muy atrás, desde que en su etapa de estudiante se topó con una enana blanca que estaba rodeada por una nube de escombros. “Al final, terminamos descubriendo que se trataba de un planeta menor o de un asteroide que estaba siendo destrozado justo mientras observábamos, lo cual fue realmente genial. El planeta estaba siendo destruido por la estrella después de que su transición a enana blanca alterara su órbita y le hiciera caer directamente hacia ella”. Desde entonces, Vanderburg se ha estado preguntando si los planetas, especialmente los más grandes, podrían sobrevivir a esa violenta transición estelar.

Un hallazgo histórico

Mientras escaneaban los datos de miles de enanas blancas recopilados por TESS, los investigadores detectaron una estrella cuyo brillo se atenuaba más de la mitad (un 56%) aproximadamente cada día y medio. Lo cual era una señal de que algo muy grande estaba pasando periódicamente frente a la estrella a gran velocidad. Pero el brillo de una estrella cercana hacía difícil interpretar los datos de TESS, por lo que los astrónomos decidieron complementarlos con los obtenidos por varios telescopios terrestres de mayor resolución, incluyendo a tres que estaban dirigidos por astrónomos aficionados.

“Una vez que el deslumbramiento estuvo bajo control -explica Vanderburg- obtuvimos en una sola noche datos mucho más limpios que los de un mes entero de observaciones desde el espacio”. De hecho, al ser las enanas blancas mucho más pequeñas que las estrellas normales, los grandes planetas que pasan frente a ellas bloquean gran parte de su luz, lo que hace que la detección sea más fácil desde telescopios terrestres.

Finalmente, los datos revelaron que un planeta algo más grande que Júpiter orbitaba extraordinariamente cerca de su estrella. El equipo de Vanderburg cree que en origen el planeta estaba mucho más lejos de la estrella y que se trasladó a su órbita actual después de que la estrella se convirtiera en enana blanca.

La siguiente pregunta llegó enseguida: ¿Cómo pudo este planeta sobrevivir durante esa agitada transición estelar? Desde luego, lo que los científicos estaban viendo no encajaba con ninguno de los modelos existentes. Para tratar de resolver el misterio, los investigadores llevaron a cabo una serie de nuevas simulaciones. En ellas se aprecia que cuando la estrella original se quedó sin combustible, se expandió hasta convertirse en una gigante roja, engullendo a los planetas más cercanos y desestabilizando las órbitas de los que pudiera haber más lejos. Eso hizo que el mundo similar a Júpiter tomara una órbita exageradamente ovalada, pasando muy cerca de la enana blanca, ya encogida, pero también llevándolo periódicamente muy lejos en cada vértice de su órbita.

Durante eones, la interacción gravitacional entre la enana blanca y su planeta dispersó lentamente la energía, lo que finalmente llevó al planeta a una órbita circular estrecha que solo necesita un día y medio para completarse. El proceso llevó tiempo, posiblemente varios miles de millones de años. De hecho, esta enana blanca en particular es una de las más viejas observadas por TESS. Tiene casi 6.000 millones de años, tiempo más que de sobra para ralentizar a su enorme planeta asociado.

¿Posibles mundos habitables?

Aunque en el interior de las enanas blancas ya no hay fusión nuclear, siguen liberando luz y calor a medida que se van enfriando lentamente. Y es incluso posible que un planeta adecuado y que esté lo suficientemente cerca pueda llegar a tener elementos, como el agua, necesarios para la vida.

Ahora que se ha confirmado que estos extraños sistemas solares existen realmente, los científicos disponen de una nueva y tentadora oportunidad para buscar otras formas de vida. La estructura única de estos sistemas planetarios “enanos blancos” brinda, en efecto, una ocasión ideal para estudiar las firmas químicas de las atmósferas de los mundos en órbita, una forma de buscar señales de vida a distancia.

En palabras de Vanderburg, “creo que la parte más emocionante de este trabajo es lo que significa tanto para la habitabilidad en general como para nuestra capacidad de encontrar pruebas de esa habitabilidad”.

Identifican una sexta gran extinción masiva, la que impulsó el reinado de los dinosaurios

Tuvo lugar hace 223 millones de años y «reseteó» la vida tanto en la tierra como en los océanos. Los científicos la han llamado “Episodio Pluvial Carniano”

Durante los últimos 500 millones de años se han producido, según los libros de texto, cinco grandes extinciones masivas. Cinco episodios dramáticos durante los que la propia vida estuvo a punto de desaparecer por completo. A partir de ahora, sin embargo, será necesario añadir una más a la lista: una sexta gran extinción, recién descubierta por la ciencia.

Desde luego, no resulta frecuente que se identifique una nueva extinción masiva de la que no sabíamos nada hasta ahora. Pero eso es precisamente lo que ha hecho un equipo internacional de 17 investigadores, dirigido por Jacopo Dal Corso, de la Universidad China de Geociencias en Wuhan, y por Mike Benton, de la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol.

En un artículo recién publicado en « Science Advances», los investigadores explican cómo lograron identificar la nueva extinción, que se produjo hace 223 millones de años. Una extinción, por cierto, que hizo posible que los dinosaurios tomaran el control del planeta. La crisis ha recibido el nombre de «Episodio Pluvial Carniano».

Erupciones volcánicas masivas en Canadá

Según los investigadores, lo más probable es que el evento fuera causado por erupciones volcánicas masivas en el oeste de Canadá, donde en aquella época se derramaron enormes cantidades de basalto volcánico.

«Las erupciones alcanzaron su punto máximo en el Carniano (o Carniense) -explica Dal Corso-. Hace unos años, mientras estudiaba las firmas geoquímicas de esas erupciones, identifiqué algunos efectos masivos en la atmósfera en todo el mundo. Las erupciones fueron tan enormes que bombearon grandes cantidades de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, y hubo picos de calentamiento global».

Según los investigadores, el calentamiento causó un aumento de las precipitaciones, algo que ya fue detectado en la pasada década de los 80 por los geólogos Mike Simms y Alastair Ruffell como un episodio húmedo que se prolongó durante por lo menos un millón de años. El cambio climático causó una gran pérdida de biodiversidad tanto en el océano como en tierra firme.

Los dinosaurios toman el relevo

Sin embargo, justo después de la extinción, nuevos grupos de animales tomaron el control, formando nuevos ecosistemas. Los drásticos cambios en el clima fomentaron el crecimiento de la vida vegetal y la expansión de los bosques de coníferas modernos. Y eso ayudó a prosperar a toda una nueva estirpe de animales.

«Las nuevas floras -afirma por su parte Mike Benton- probablemente proporcionaron una cierta ventaja a los reptiles herbívoros que habían sobrevivido. En 1982, cuando terminé mi doctorado, ya había notado cambios en la vegetación y una catástrofe ecológica entre los herbívoros. Ahora sabemos que los dinosaurios se originaron unos 20 millones de años antes de ese evento, pero siguieron siendo bastante escasos y de poca importancia hasta que llegó el Episodio Pluvial Carniano. Fueron las repentinas condiciones áridas tras el episodio húmedo lo que dio a los dinosaurios su oportunidad».

Los otros beneficiados

No solo los dinosaurios se aprovecharon de la situación. De hecho, aparecieron también muchos grupos modernos de plantas y animales, incluidas las primeras tortugas, cocodrilos, lagartos y también los primeros mamíferos.

La extinción, por supuesto, también tuvo un gran impacto en la vida marina. De hecho, marca el comienzo de los modernos arrecifes de coral, así como de muchos de los grupos modernos de plancton, lo que sugiere profundos cambios en la química oceánica y el ciclo del carbono.

«Hasta ahora -concluye Dal Corso- los paleontólogos habían identificado cinco grandes extinciones masivas en los últimos 500 millones de años de la historia de la vida. Cada una de ellas tuvo un efecto profundo en la evolución de la Tierra y de las criaturas que la habitan. Ahora hemos identificado otro gran evento de extinción, y evidentemente tuvo un papel importante a la hora de “resetear” la vida en la tierra y en los océanos, marcando el origen de los ecosistemas modernos».

Identifican una sexta gran extinción masiva, la que impulsó el reinado de los dinosaurios

Tuvo lugar hace 223 millones de años y «reseteó» la vida tanto en la tierra como en los océanos. Los científicos la han llamado “Episodio Pluvial Carniano”

Durante los últimos 500 millones de años se han producido, según los libros de texto, cinco grandes extinciones masivas. Cinco episodios dramáticos durante los que la propia vida estuvo a punto de desaparecer por completo. A partir de ahora, sin embargo, será necesario añadir una más a la lista: una sexta gran extinción, recién descubierta por la ciencia.

Desde luego, no resulta frecuente que se identifique una nueva extinción masiva de la que no sabíamos nada hasta ahora. Pero eso es precisamente lo que ha hecho un equipo internacional de 17 investigadores, dirigido por Jacopo Dal Corso, de la Universidad China de Geociencias en Wuhan, y por Mike Benton, de la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol.

En un artículo recién publicado en « Science Advances», los investigadores explican cómo lograron identificar la nueva extinción, que se produjo hace 223 millones de años. Una extinción, por cierto, que hizo posible que los dinosaurios tomaran el control del planeta. La crisis ha recibido el nombre de «Episodio Pluvial Carniano».

Erupciones volcánicas masivas en Canadá

Según los investigadores, lo más probable es que el evento fuera causado por erupciones volcánicas masivas en el oeste de Canadá, donde en aquella época se derramaron enormes cantidades de basalto volcánico.

«Las erupciones alcanzaron su punto máximo en el Carniano (o Carniense) -explica Dal Corso-. Hace unos años, mientras estudiaba las firmas geoquímicas de esas erupciones, identifiqué algunos efectos masivos en la atmósfera en todo el mundo. Las erupciones fueron tan enormes que bombearon grandes cantidades de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, y hubo picos de calentamiento global».

Según los investigadores, el calentamiento causó un aumento de las precipitaciones, algo que ya fue detectado en la pasada década de los 80 por los geólogos Mike Simms y Alastair Ruffell como un episodio húmedo que se prolongó durante por lo menos un millón de años. El cambio climático causó una gran pérdida de biodiversidad tanto en el océano como en tierra firme.

Los dinosaurios toman el relevo

Sin embargo, justo después de la extinción, nuevos grupos de animales tomaron el control, formando nuevos ecosistemas. Los drásticos cambios en el clima fomentaron el crecimiento de la vida vegetal y la expansión de los bosques de coníferas modernos. Y eso ayudó a prosperar a toda una nueva estirpe de animales.

«Las nuevas floras -afirma por su parte Mike Benton- probablemente proporcionaron una cierta ventaja a los reptiles herbívoros que habían sobrevivido. En 1982, cuando terminé mi doctorado, ya había notado cambios en la vegetación y una catástrofe ecológica entre los herbívoros. Ahora sabemos que los dinosaurios se originaron unos 20 millones de años antes de ese evento, pero siguieron siendo bastante escasos y de poca importancia hasta que llegó el Episodio Pluvial Carniano. Fueron las repentinas condiciones áridas tras el episodio húmedo lo que dio a los dinosaurios su oportunidad».

Los otros beneficiados

No solo los dinosaurios se aprovecharon de la situación. De hecho, aparecieron también muchos grupos modernos de plantas y animales, incluidas las primeras tortugas, cocodrilos, lagartos y también los primeros mamíferos.

La extinción, por supuesto, también tuvo un gran impacto en la vida marina. De hecho, marca el comienzo de los modernos arrecifes de coral, así como de muchos de los grupos modernos de plancton, lo que sugiere profundos cambios en la química oceánica y el ciclo del carbono.

«Hasta ahora -concluye Dal Corso- los paleontólogos habían identificado cinco grandes extinciones masivas en los últimos 500 millones de años de la historia de la vida. Cada una de ellas tuvo un efecto profundo en la evolución de la Tierra y de las criaturas que la habitan. Ahora hemos identificado otro gran evento de extinción, y evidentemente tuvo un papel importante a la hora de “resetear” la vida en la tierra y en los océanos, marcando el origen de los ecosistemas modernos».

Vuelve a casa luego de cinco meses, y la encuentra invadida por palomas

Un estudiante del Reino Unido que dejó la ventana de su apartamento abierta antes de irse durante cinco meses por el confinamiento, encontró su casa cubierta de excrementos de pájaros después de que fuera tomada por palomas.

Oluwageorge Johnson, de 20 años, tuvo que dejar su apartamento alquilado en Nottingham a toda prisa en marzo, luego de que sus padres aparecieran de sorpresa para llevarlo a casa debido al Covid-19. El joven se olvidó una ventana abierta, y por lo visto, al no ver actividad durante varios días, las palomas decidieron hacer del apartamento su hogar.

Nadie molestó a las aves durante más de cinco meses, hasta que hace unos días, cuando los trabajadores del edificio escucharon sonidos extraños provenientes del piso, entraron a investigar. Encontraron todo el lugar cubierto de excrementos de pájaros, huevos en el fregadero de la cocina y plumas de paloma por todas partes.

“El brote de coronavirus estaba en su pico, así que mis padres aparecieron de la nada para llevarme de regreso a casa”, explicó Johnson. “La gente decía que estaban desplegando a los militares, y mis padres son muy dramáticos. Así que en el apuro dejé mi ventana abierta, y estuve ausente durante unos cinco meses».

La semana pasada, el estudiante recibió un correo electrónico de la administración del edificio, junto con fotos del desastre que habían causado las palomas. Obviamente, no podía creerlo.

«Quería volver a la universidad la semana pasada, pero ahora voy a esperar un poco», dijo el joven de 20 años. «Nunca volveré a dejar una ventana abierta».

Vuelve a casa luego de cinco meses, y la encuentra invadida por palomas

Un estudiante del Reino Unido que dejó la ventana de su apartamento abierta antes de irse durante cinco meses por el confinamiento, encontró su casa cubierta de excrementos de pájaros después de que fuera tomada por palomas.

Oluwageorge Johnson, de 20 años, tuvo que dejar su apartamento alquilado en Nottingham a toda prisa en marzo, luego de que sus padres aparecieran de sorpresa para llevarlo a casa debido al Covid-19. El joven se olvidó una ventana abierta, y por lo visto, al no ver actividad durante varios días, las palomas decidieron hacer del apartamento su hogar.

Nadie molestó a las aves durante más de cinco meses, hasta que hace unos días, cuando los trabajadores del edificio escucharon sonidos extraños provenientes del piso, entraron a investigar. Encontraron todo el lugar cubierto de excrementos de pájaros, huevos en el fregadero de la cocina y plumas de paloma por todas partes.

“El brote de coronavirus estaba en su pico, así que mis padres aparecieron de la nada para llevarme de regreso a casa”, explicó Johnson. “La gente decía que estaban desplegando a los militares, y mis padres son muy dramáticos. Así que en el apuro dejé mi ventana abierta, y estuve ausente durante unos cinco meses».

La semana pasada, el estudiante recibió un correo electrónico de la administración del edificio, junto con fotos del desastre que habían causado las palomas. Obviamente, no podía creerlo.

«Quería volver a la universidad la semana pasada, pero ahora voy a esperar un poco», dijo el joven de 20 años. «Nunca volveré a dejar una ventana abierta».