NEW HAVEN.- La intensificación de las acciones federales de control migratorio en Connecticut está provocando un aumento de problemas de salud física y mental entre personas que temen ser deportados o que un familiar sea detenido, según reportes recientes.
Este miedo creciente ha llevado a muchas personas, especialmente dentro de comunidades inmigrantes, a autoaislarse y evitar actividades cotidianas, lo que puede derivar en consecuencias negativas para su bienestar general.
Una encuesta estatal realizada por CT DataHaven encontró que casi un tercio de las personas de Connecticut siente preocupación “mucho” o “algo” de que ellos o alguien cercano pueda ser deportado o enfrentar la revocación de su estatus migratorio.
Las preocupaciones fueron particularmente altas entre personas latinas, con un 44% reportando estos temores, lo que evidencia la fuerte ansiedad presente en estas comunidades.
Los profesionales de la salud han observado que este miedo está teniendo efectos directos en el acceso y uso de los servicios médicos.
Algunos pacientes han evitado consultas médicas, han perdido sueño y han decidido no asistir a actividades sociales, actos que, según médicos, deterioran tanto la salud física como la mental a largo plazo.
Además, datos de salud y organizaciones médicas nacionales muestran que las acciones de inmigración pueden disuadir a pacientes de buscar atención médica incluso en situaciones críticas, cuando temen que la presencia de agentes o la posibilidad de intercambio de información con autoridades de migración pueda ponerlos en riesgo.
Esto afecta el tratamiento de enfermedades crónicas, cuidados preventivos y la salud general de las familias.
El impacto no se limita solo a adultos: investigaciones y reportes de organizaciones defensoras de la salud indican que los niños también enfrentan consecuencias, como ansiedad, retrasos en diagnósticos y una menor asistencia a servicios de salud debido al miedo de sus padres por interacciones con agencias de inmigración.
Funcionarios y líderes comunitarios han respondido con guías y recursos informativos para tratar de tranquilizar a las familias y alentar el uso seguro de servicios de salud y educación, pero persiste la preocupación de que el clima de miedo continúe afectando negativamente la salud pública y la cohesión comunitaria en Connecticut.
