HARTFORD.- Una legislación que permitiría a los pacientes con enfermedades terminales y mentalmente competentes el derecho a elegir la ayuda médica para morir, fue propuesta esta semana por varios legisladores.
Jennifer Barahona, quien apoya el proyecto de ley y testificó en una audiencia, manifestó que “mi madre tenía muchas ganas de vivir. No se trata de acabar con la vida, se trata de acabar con el sufrimiento”.
La hispana, de Fairfield, fue una de los muchas personas que testificaron, el lunes pasado, ante el Comité de Salud Pública de Connecticut.
Ella relató que su madre, Barbara, murió en 2009 de Amyotrophic Lateral Sclerosis (ALS) y luchó en sus últimos 18 días sin un tubo de alimentación, sin poder hablar ni siquiera parpadear.
“Fueron dos semanas y media horribles de verla desgarrarse de dolor, sus extremidades se volvían negras, sus ojos suplicaban sin ninguna capacidad de saber lo que quería hacer”, declaró Barahona.
La hispana está luchando para que otros tengan opciones.
Agregó que “las personas no tienen que aprovechar esto si no eligen hacerlo. Está bien. Todos tienen sus propios sistemas de creencias, pero ¿Por qué le negaríamos a alguien esa opción?”.
Nancy Alisberg de Progressives Against Medical Assisted Suicide expresó que “ciertamente siento una gran compasión por esas personas. Nuestro grupo quiere ver un mejor tratamiento y mejorar la atención”.
Agregó que “queremos asegurarnos de que las personas tengan una vida digna, no una muerte digna. También creemos que el suicidio no es un tratamiento”, señaló Alisberg.
Le preocupa que se aliente a los ancianos y las personas con discapacidades a elegir la ayuda para morir para que no se sientan como una carga.
La política se ha presentado como proyecto de ley más de una docena de veces desde 1995. Sobrevivió al Comité de Salud Pública de la Asamblea General de Connecticut el año pasado, pero cayó en el comité judicial.
