
HARTFORD.- Cuando Andrew Parent, estudiante de último año de secundaria, fue a la tienda a comprar un controlador de PlayStation 4 hace más de un mes, sintió un pequeño aumento de aprensión.
Se acercó a alguien que trabajaba allí y trató de hacerle saber que quería comprar uno. Hizo un gesto, luego otro, hasta que finalmente tuvo que hacer una señal para que el empleado lo siguiera para abrir un gabinete para dispositivos electrónicos, que funcionó.
Sin embargo, antes de la pandemia, dijo que no se habría sentido “ansioso en absoluto” en esa situación.
Parent, que se identifica como sordo, podría haber leído sus labios, un medio ahora complicado por el uso de las máscaras protectoras.
“Al principio fue realmente angustioso tratar de averiguar cómo iba a lidiar con esa situación, pero luego, una vez que nos pusimos en marcha, mejoró”, declaró Parent, a través de un traductor.
Para los miembros de la comunidad de personas sordas y con problemas de audición, las barreras de comunicación amplificadas han agregado otro desafío frente a todas las incertidumbres o cambios que ya surgen al vivir durante una pandemia.
Algunos estudiantes dicen que esos problemas también se han trasladado a un entorno escolar en ocasiones, ya que intentan captar las emociones de sus amigos o no comprenden la clase, ya que un maestro se comunica rápidamente mientras usa máscaras.
Parent asiste a la American School for the Deaf en West Hartford, que atiende a unos 150 estudiantes en el campus y entre 450 a 500 estudiantes sordos y con problemas de audición en sus diferentes programas, según el director ejecutivo de la escuela, Jeff Bravin.
La escuela, establecida a principios del siglo XIX, marcó la “primera escuela permanente para sordos” del país, según su sitio web.
Para empezar, Parent dijo que era “realmente difícil” adaptarse a usar máscaras todo el tiempo en la escuela, ya que era difícil captar las señales faciales y determinar el estado de ánimo de las personas.
“Pero después de un tiempo, nos acostumbramos y todo está bien, pero espero que eventualmente no tengamos que seguir usando máscaras”, declaró Parent, quien es de Canton.
Pero Juan Castro, otro estudiante de último año de la escuela, dijo que todavía no se ha acostumbrado a usar una máscara.
Cuando repasa su lista de verificación mental cuando sale de su dormitorio en el campus de la escuela, a veces tiene que volver a buscarla.
Castro, quien se identifica como con problemas de audición, dijo que a veces puede ser “muy difícil” adaptarse, ya que él depende “en gran medida” de leer los labios de las personas.
“Hay momentos en que tengo que pedirle a la gente que repita las señas que hacen, o les pido que disminuyan la velocidad para que pueda tener una comunicación completa”, precisó Castro, quien es de East Hartford.
Eso surge a veces cuando se comunica con un maestro, pero normalmente es capaz de captar la totalidad de lo que están diciendo si lo repiten por segunda vez.
Sus maestros usan diferentes tipos de máscaras, la mayoría usa de tela, uno de ellos usa dos máscaras. Pero lo más desafiante es cuando usa una máscara N95, que hace que leer sus labios sea imposible.
Para ayudar con ese problema, Bravin escribió en un correo electrónico que la escuela inicialmente compró alrededor de 2 mil máscaras transparentes para que los estudiantes y el personal de la escuela las usen si así lo desean, para complementar con más pedidos más adelante.
Sin embargo, el costo de las máscaras era “muy caro”, por lo que ordenaron un suministro por lotes en coordinación con las escuelas públicas a las que asisten los miembros de la comunidad de personas sordas y con problemas de audición en Nueva Inglaterra y las escuelas para los estudiantes sordos de todo el país para reducir parte del precio, finalizó Bravin.
