BRIDGEPORT.- Un reciente estudio realizado por el Institute for Municipal and Regional Policy de la Universidad de Connecticut (UConn) analizó 1,516 incidentes de uso de fuerza reportados por 83 agencias policiales del Estado, durante el período del 1º de julio de 2022 al 31 de diciembre de 2023.
Según los hallazgos, el uso de fuerza por parte de la policía en Connecticut es poco frecuente en comparación con el total de arrestos: representa aproximadamente el 1.6% de más de 96,000 arrestos realizados en ese período.
El estudio también revela disparidades raciales en cómo se aplica la fuerza policial. Las personas afroamericanas estuvieron involucradas en el 41% de los incidentes de uso de fuerza, mientras que representaban solo el 34% del total de arrestos.
Entre la población hispana, los incidentes de uso de la fuerza fueron aproximadamente proporcionales a los arrestos, situándose en el rango del 28% al 29% en ambas categorías.
Para las personas blancas, la tendencia era inversa: más arrestos proporcionales que casos de fuerza.
No todos los departamentos policiales contribuyeron de la misma manera: más de la mitad de todos los incidentes reportados correspondieron sólo a 10 agencias del total analizado.
Algunas ciudades destacadas fueron New Haven, Hartford, Waterbury, East Hartford y Norwalk.
En cuanto al tipo de fuerza usada, la mayoría de los incidentes no involucraron armas de fuego activas ni tácticas altamente letales. Sólo cerca del 6% de los casos incluyeron uso serio de la fuerza, como disparos, perros policiales o sprays de pimienta.
Los métodos más comunes para controlar a los sujetos incluyeron agarres físicos, contener con fuerza, puntos de presión, “holds” de control, y gestos como apuntar con arma. También se usaron pistolas eléctricas (stun guns) en un número significativo de casos.
Otro hallazgo importante es que en un gran porcentaje de los incidentes se reportó que la persona involucrada estaba bajo algún tipo de angustia mental o mostraba señales de estar emocionalmente perturbada, e incluso en crisis suicida. Esto plantea preguntas sobre si los policías están capacitados y si el modelo de respuesta actual es el adecuado para situaciones de salud mental.
También se observó que un porcentaje notable de incidentes involucraban sujetos que intentaban huir, o que se mostraban combativos.
En particular, en muchos casos la percepción de agresividad activa precedía al uso de la fuerza.
El estudio remarca problemas con la calidad de los datos, ya que algunos departamentos no reportaron consistentemente, otros usaban formas diferentes, o reportaban sólo ciertos tipos de uso de fuerza.
La ley de Connecticut exige un formato estándar desde julio de 2022, pero la implementación todavía enfrenta obstáculos.
Finalmente, los investigadores hacen varias recomendaciones para mejorar las políticas y prácticas: mayor entrenamiento en técnicas de desescalada, mejorar la respuesta para crisis de salud mental, estandarizar los reportes de uso de fuerza, y usar datos geográficos para identificar áreas con mayor incidencia.
Esto además de transparencia para fortalecer la confianza entre la comunidad y las fuerzas policiales.
