NEW HAVEN.- Después de cuatro años de vivir en una iglesia de New Haven, el inmigrante Nelson Pinos regresó a su casa con su familia.
El inmigrante ecuatoriano había ingresado al santuario de la iglesia para evitar la deportación en 2017.
“Estoy muy feliz y lleno de emociones de saber que me han concedido un año de relevo”, declaró Pinos al conocer la noticia acerca de la suspensión de la deportación.
Pinos es el último de los ocho inmigrantes que ingresaron al santuario en Connecticut para protegerse del U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE).
De pie justo afuera de su pequeña habitación en la First and Summerfield United Methodist Church, Pinos dijo que los cuatro años que vivió en el lugar fueron difíciles, sin embargo, la iglesia lo ha tratado muy bien.
Su abogado, Glenn Formica, expresó que esta suspensión de un año de deportación marca el comienzo de un proceso para encontrar nuevos remedios legales. Pero no hay muchos.
“El caso de Nelson requerirá enhebrar una aguja en la oscuridad, pero ese no es solo el caso de Nelson. Eso se presenta en la mayoría de los casos de inmigración desde 1996. Hay muy pocas opciones legales para que las personas obtengan la residencia permanente”, comentó Formica.
Pinos, de 47 años, vive en Estados Unidos desde hace 29 años. Cruzó la frontera entre Estados Unidos y México a pie en 1992.
Un año después, fue arrestado en una redada en Minneapolis y un juez de inmigración emitió una orden de deportación.
De acuerdo con los defensores, Pinos no se enteró de la orden hasta décadas después.
Se mudó a Connecticut y trabajó en una fábrica, y en octubre de 2017 los funcionarios de inmigración ordenaron su deportación.
Pinos, padre de tres hijos, optó por ingresar al santuario para evitar la deportación.
Nelson Pinos ingresó al santuario en 2017. En 2019, después de agotar sus ahorros, comenzó a arriesgarse a un posible arresto al dejar la iglesia, e iba y venía para ganar dinero.
“Perdí mi dinero, mi auto, pero esas son cosas materiales que puedo recuperar. Lo que no podré recuperar es el tiempo que perdí con mis hijos”, expresó Pinos.
Los defensores y los líderes religiosos manifestaron que seguirán apoyando a Pinos y su familia.
“Es una victoria agridulce, pero una pequeña victoria que da algo de esperanza a millones”, comentó John Lugo, director de la organización Unidad Latina en Acción (ULA), una organización con sede en New Haven.
Mientras Pinos se preparaba para salir del santuario, reveló que su dormitorio justo detrás del altar de la iglesia le ha permitido encontrar tranquilidad en medio de una época de tempestad.
“Sobre todo, he encontrado tranquilidad con todo el apoyo que he tenido. Este lugar se convirtió en mi hogar durante cuatro años”, finalizó Pinos.
